Este
pasado lunes visitamos la exposición “Kandinsky, una
retrospectiva” en el Palacio Cibeles de Madrid. Se podrá visitar
hasta el 28 de febrero y la entrada cuesta 11€ si es la general o
9€ si es la reducida. Sin embargo los lunes el precio es de solo
5€. La audioguía es gratuita con cualquier entrada.
La
exposición, concebida en cuatro capítulos, hace un recorrido
cronológico a través de cerca de 100 piezas de la vida del artista
ruso.
La
primera etapa comienza a la edad de treinta años, cuando Kandinsky
decide dejar su vida, su carrera y su matrimonio por conveniencia con
su prima, para irse a Munich a dedicarse a la pintura. La segunda
ocurre cuando estalla la Primera Guerra Mundial. Kandinsky tiene que
regresar a Rusia, donde se dedica principalmente a la enseñanza
artística. La tercera etapa comienza cuando el arquitecto Walter
Gropius, fundador de la Bauhaus invita al artista ruso a unirse a
esta escuela de arte en Alemania. La cuarta etapa empieza cuando el
régimen nazi cierra la Bauhaus y Kandinsky se ve obligado a
exiliarse en París, donde residirá hasta su muerte en 1944.
En
esta exposición se ve la evolución de Kandinsky hacia la
abstracción. También la influencia que tuvo la música en su obra y
el estudio de los elementos geométricos que componen cada pintura.
En
mi opinión, algo en lo que destaca Kandinsky es en el uso del color.
Me fascinaron unos cuadros que había al principio de la exposición
pintados con témpera sobre cartulina negra, donde usó el fondo
negro para delimitar las figuras.
En
varias acuarelas había también masas de color muy potentes y no
suele ser común usar la acuarela de ese modo. Las diferentes
secciones de diferentes colores estaban perfectamente delineadas,
todas las lineas eran firmes. Al igual que en sus trabajos con tinta
y punta seca. La seguridad de los trazos era increíble.
Se
ve también el estudio de color y figuras en los oleos que componen
Composiciones. Figuras geométricas que aunque parecen colocadas al
azar se encuentran situadas creando una perfecta armonía. Los
colores agrupados y en muchas ocasiones adjudicados a ciertas
figuras, como el azul a los círculos. Los colores más usados son el
amarillo, el rojo y el azul, los colores primarios.
Sin
embargo, en su época en París se ve influenciado por la belleza de
las vistas, lo que le hace cambiar su paleta de colores para añadir
los colores secundarios y pasteles. El cambio es incluso chocante. En
esta última época también mezcla lo geométrico con formas
biológicas como amebas o medusas. Durante su estancia en la capital
francesa Kandinsky fue aislado y discriminado por los artistas
parisinos tanto por su procedencia como por el estilo de su arte.
En
conclusión, recomendamos que si tienes oportunidad, vayas a ver la
exposición. A pesar de ser arte abstracto, que no es del gusto de
todos, se disfruta igualmente. Kandinsky sabía como hacer bello lo
que para muchos son “lineas y puntos”.


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